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Terapia asistida con animales en niños con trastornos de déficit de atención e hiperactividad

  • 19 de septiembre de 2009
  • Tiempo de Lectura: 13 Minutos

Acariciar un animal es beneficioso para la salud y el bienestar de las personas, ya que la calidad de las relaciones sociales depende en gran parte del tacto. Las sesiones de terapia o educación son una gratificación táctil, con valor terapéutico, tanto para la mejora de la salud psicológica como de la física.

Al Canis familiaris también se le puede utilizar como modelo para trabajar con niños que tengan problemas de lectura. Aquí tenemos a Airon “leyendo una revista”. (Foto: M.A. Signes)
Al Canis familiaris también se le puede utilizar como modelo para trabajar con niños que tengan problemas de lectura. Aquí tenemos a Airon “leyendo una revista”. (Foto: M.A. Signes)

Miguel Ángel Signes Llopis es experto en problemas de comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta canino certificado por AEPE en el Curso Máster de Etología Canina Avanzada. Técnico en Terapia Asistida con Animales por la Fundación Bocalán. Trabaja en el Área de Etología Clínica y de Terapias de la Asociación para el Estudio del Perro y su Entorno de la que es socio (www.aepe.net). Asociado de la Asociación Española de Terapias Asistidas con Animales y Naturaleza (www.aetana.es). Curso de Etología Clínica y Bienestar Animal impartido en la UEX. Presidente de la Asociación de Terapias y Actividades Asistidas con Animales de la Safor (www.ataaasafor.es). Autor de varios artículos sobre terapia asistida con animales. Colaborador de la revista Especies.

Hart (2003): “Los efectos calmantes de los animales son especialmente valiosos con los niños que muestran alteraciones de falta de atención e hiperactividad y trastornos de conducta y han servido de base para intervenciones terapéuticas. Una amplia serie de estudios en un entorno educativo ha mostrado que los animales atraían y mantenían la atención de los niños y dirigían su atención al exterior (Katcher & Wilkins, 1997). Calmar a los niños fue un primer paso esencial. Una vez que su atención había sido movilizada y dirigida hacia fuera, la agitación y las agresiones disminuían, mejorando el entorno educativo. Las mejoras en la conducta se generalizaron a otras situaciones pedagógicas, pero no a todas”.

Al Canis familiaris también se le puede utilizar como modelo para trabajar con niños que tengan problemas de lectura. Aquí tenemos a Airon “leyendo una revista”. (Foto: M.A. Signes)Sabemos que los niños y los adolescentes con Trastornos Déficit de Atención (T.D.A) e Hiperactividad (H) tienen problemas psicosociales y suelen mostrar impulsividad, agresividad, impaciencia, trastornos conductuales, falta de tacto en el trato con otras personas, búsqueda de sensaciones nuevas (por lo que suelen adoptar comportamientos de riesgo), conductas desafiantes, baja autoestima, problemas en la atención, concentración, aprendizaje y en el rendimiento. Todo ello provoca fracaso escolar y conflictos en las relaciones interpersonales, entre otros problemas.

También estos niños y adolescentes suelen tener ansiedad, estrés y depresión, y un animal de compañía tiene un impacto directo tanto en la respuesta psicológica como en la fisiológica, reduciendo estas sintomatologías. Friedmann (2003) dice a este respecto: “La observación implícita o el estar en presencia de animales tiene un impacto directo tanto en la respuesta fisiológica (Friedmann et al., 1983b) como en la salud psicológica: menor ansiedad (Sebkova, 1977) y menos depresión (Holcomb et al., 1997)”. Serpell (2003) dice respecto al estrés: “Los animales de compañía pueden proporcionar a las personas una forma de apoyo social que reduce y amortigua el estrés (McNicholas & Collis, 1995; Serpell, 1996; Siegel, 1990)”.

Acariciar a un animal es beneficioso para la salud y el bienestar de una persona, ya que la calidad de las relaciones sociales depende en gran parte del tacto. Las sesiones de terapia o educación son una gratificación táctil, con valor terapéutico, tanto para la mejora de la salud psicológica como de la física. Fine (2003): “Baun et al. (1984) opinan que los animales poseen un efecto tranquilizador sobre las personas y reducen su nivel de excitación. Los datos de su estudio relacionaron el contacto táctil con un perro con bajas presiones sanguíneas inducidas experimentalmente”.

Los objetivos a alcanzar en las sesiones de educación o terapia asistida con animales con este colectivo son, entre otros, los siguientes:

•Mayor motivación, atención y concentración en su entorno inmediato.

•Incremento en la motivación frente a actividades como la lectura, el aprendizaje y el trabajo en equipo, mejorando la capacidad para seguir instrucciones.

•Reducción de la impulsividad y la agresividad.

•Mejora de la autoestima y la autodisciplina.

Para alcanzarlos, los animales de compañía se pueden aplicar en las sesiones de educación o terapia de las siguientes maneras.

Como fuente de tranquilidad y atención

Serpell (2003): “Los animales pueden inducir un estado de relajación inmediata, psicológicamente tranquilizador, por el simple hecho de atraer y mantener nuestra atención (Katcher et al., 1983)”.

Los animales de compañía son de gran utilidad ya que atraen y mantienen la atención de niños o adolescentes con T.D.A.H, llegando a mejorar el entorno educativo y terapéutico. Es más, según Katcher y Wilkins (2003): “La atención dirigida a los animales se asocia con una inhibición del comportamiento porque el niño no sabe qué va ha hacer el animal. El animal constituye un estímulo que presenta novedades constantes. La inhibición del comportamiento crea un periodo de tiempo durante el cual el niño puede formular preguntas acerca del animal. El animal crea una “necesidad de saber” o una curiosidad que sólo puede ser satisfecha si el niño formula las preguntas adecuadas”.

Como objeto transicional

Utilizar a un perro como objeto transicional puede convertirse en una defensa muy efectiva contra el estrés, la ansiedad y la inseguridad, siendo éste para el niño y/o adolescente una forma segura e inocua de reducir estos síntomas. Es más, un animal “les abre la puerta”, facilitando la expresión de sentimientos y explicándole experiencias que no le han contado al terapeuta.

Además, usando a un perro como objeto transicional se puede trabajar con los niños y los adolescentes la atención, la concentración, el fomento de la autodisciplina, el aumento de la autoestima, la sensibilidad, el amor sin propiedad, el compartir vivencias y posesiones, el área socioemocional, el reforzamiento lógico matemático, la capacidad de cálculo matemático y de asociar números a cantidades; el respetar turnos y el seguimiento de instrucciones; o programas de lectura y dicción, entre otras múltiples aplicaciones.

Como elemento no amenazador y compañero de juego

Para que el tratamiento sea más efectivo es bueno disponer de un marco en el que el niño o adolescente no se sienta amenazado o desafiado. Sabemos que los animales son menos desafiantes que los humanos lo que permite mejorar su habilidad de relacionarse sin amenazas. Seguidamente, es más fácil que trasladen su interés hacia otros seres vivos, como el educador o terapeuta, lo que facilitará la comunicación entre ambos, haciendo el animal de “lubricante social”. Katcher y Wilkins (2003) dicen a este respecto: “Puesto que la presencia del animal dirige la atención del niño hacia el exterior, reduce el nivel de excitación y permite que el niño perciba con más precisión el comportamiento de los terapeutas y otros niños, inhibiendo de esta manera la utilización de los prejuicios negativos acerca de la intención del terapeuta. Esta tendencia favorecía el desarrollo de una red de atribuciones positivas hacia el animal, el personal relacionado con los animales y los otros niños”.

En cuanto a la utilización de un animal como compañero de juego, sabemos que es más efectivo que los juegos o juguetes tradicionales, ya que al ser un ser vivo provoca una gama de reacciones más amplia y es capaz de proporcionar mucha interacción. Katcher y Wilkins (2003) dicen: “Los niños TDAH y con trastornos de conducta tienden a hacer atribuciones negativas acerca de sus compañeros, sus padres y los adultos, proyectando hostilidad y justificando su propio comportamiento agresivo. La gente relacionada con los animales es percibida de forma positiva, y al introducir los animales en la terapia existe una mayor interacción positiva entre el paciente y el terapeuta”.

Como potenciador del aprendizaje

Ruckert (2007): “En el curso de mis investigaciones y entrevistas, he comprobado que entre los animales y los niños se forma un vínculo especial que contribuye a un aprendizaje saludable. Desde el momento en que el niño o la niña se encuentra con el animal, éste le servirá de maestro, amigo y terapeuta”. También Melson (1990) nos dice que un perro es beneficioso para el desarrollo del niño.

Sabemos que un animal de compañía no solo modifica el entorno educativo y terapéutico sino que además, en niños con T.D.A.H., les puede ayudar a aprender nuevas habilidades y a reducir los problemas de comportamiento: “Además de ayudar en el aprendizaje de nuevas habilidades, la presencia de animales en entornos terapéuticos puede ser útil para reducir problemas de conducta de los pacientes (Burch 2003)”.

En un niño con problemas de comportamiento el hecho de realizar una actividad encaminada a cuidar, alimentar, cepillar o preparar la cama a un perro, no sólo aumenta la autoestima, fortalece la socialización y desarrolla la empatía, sino que estas actividades son las adecuadas en el tratamiento de personas con un comportamiento antisocial, un pobre sentido de la responsabilidad y un bajo nivel de autoestima. Katcher y Wilkins (2003) dicen: “La competencia conseguida a través del dominio del miedo, el aprendizaje de los comportamientos necesarios para cuidar a los animales y el incremento de la habilidad para experimentar una interacción social gratificante con los animales, con el personal y con otros niños, aumentaría la autoestima y la probabilidad de que el niño deseara aprender en otros contextos”.

Además, es aplicable en niños en los que el habla controlada no está bien desarrollada, pudiéndose utilizar un perro para potenciar el aprendizaje. El niño le daría órdenes y el animal las cumpliría (siéntate, échate, vete a tu sitio, saluda, tráeme la pelota, etc.). Katcher y Wilkins (2003) dicen: “Descomponiendo el proceso de aprendizaje en unidades en las que el educador explica y muestra cómo actuar, se ayuda al niño a desarrollar una capacidad para el habla controlada que es la guía del comportamiento moral y favorable a la resolución de problemas en los niños normales (Vygostky, 1986)”.

Como modelo

Un ejemplo de la utilización del perro como modelo lo podríamos obtener cuando tratamos de fomentar la autodisciplina en el niño o adolescente. El simple hecho de adiestrar a un perro en la obediencia hace que perfeccione su capacidad de autodisciplina, además de fomentar la concentración y la seguridad.

También en un niño que fracasa por falta atención y concentración en la realización de ejercicios matemáticos. Con un perro se puede trabajar esta área como modelo, realizando el siguiente ejercicio matemático: en una pared de la sala se ponen los número del 0 al 9 y los signos de la suma (+), resta (-), división (:) y multiplicación (x). Se le pregunta al niño qué quiere que calcule el perro. El niño, por ejemplo, le contesta que quiere multiplicar 25 por 4. El perro le dice al niño el resultado, 100, tocando con el hocico los números, 1, 0, 0. Seguidamente, es el animal, tocando mediante el hocico, el que le dice al niño el cálculo que tiene que hacer. Si el niño se equivoca, el perro le puede ayudar hasta lograr el fin, que el niño realice correctamente el cálculo.

Como cómplice

Con estos niños se puede utilizar al animal como cómplice. Por ejemplo, en el ejercicio matemático anterior el/la terapeuta les puede pedir que hagan uno o dos cálculos juntos. El niño dice los resultados y el perro los marca con el hocico.

Otro ejemplo sería que el niño y el perro han estado jugando con unas pelotas. Una vez finalizan el juego, al niño y al perro se les puede pedir que las guarden en un cajón. Ambos participan en el seguimiento de instrucciones habiendo una complicidad entre ellos.

Como reforzador de conductas

Utilizando a un Canis familiaris como reforzador de conductas con este colectivo de niños se pueden trabajar muchos aspectos: la atención, concentración, bajada de la ansiedad, aumento de la autoestima y confianza en sí mismo, la autodisciplina o el seguimiento de instrucciones, entre otros.

A un niño hiperactivo, que ya tiene interés por el animal y quiere jugar con él, el terapeuta puede pedirle que permanezca sentado durante un tiempo antes de iniciar el juego y, de este modo, trabajar la tranquilidad y el seguimiento de instrucciones.

Por otra parte, en un niño con T.D.A., si el objetivo es trabajar el mantenimiento de la atención durante un tiempo, la concentración, la responsabilidad y el aumento de la autoestima, se le podría asignar la tarea de alimentar al animal, rellenando un juguete interactivo del perro con bolitas de pienso y que una vez ha finalizado de rellenar, se le da al perro para que saque las bolitas de su interior. El perro al tocar el juguete con la pata o el hocico hace caer las bolitas de pienso y se las come, reforzando la conducta del niño.

En definitiva, la utilización de animales de compañía, especialmente el Canis familiaris, como herramienta al servicio del educador/a o terapeuta potencia el aprendizaje, modifica el entorno educativo y terapéutico y facilita que se logren los objetivos más rápidamente, resultando especialmente útil en niños con trastornos déficit de atención e hiperactividad, mejorando su calidad de vida y su integración social.

Bibliografía

Cusack, O. (2.008): Animales de Compañía y Salud Mental. 2ª Edición. Fundación Affinity.

Fine A. H. (2003): Manual de Terapia Asistida por Animales. Fundación Affinity.

Levinson, B.M (2.006): Psicoterapia Infantil Asistida por Animales. Fundación Affinity.

Ruckert, J. (2.007): Terapia a cuatro patas. 2ª Edición. Fundación Affinity.

Signes M.A., Rodrigo M.D. (Agosto, 2009) en: “Animales de Compañía y Niños: Una Relación Educativa y Terapéutica” (www.ataaasafor.es). Consultado el 05/09/09.

Fuente: Portal Veterinaria Argos