Emergencias

Cuando un fragmento de hueso origina una situación de peligro extremo

  • 1 de junio de 2010
  • Tiempo de Lectura: 4 Minutos

Por Eric Barchas, DVM

Hace dos noches un equipo de enfermeras y yo salvamos inequívocamente la vida de una perra que estaba asfixiándose.

El dueño contó que a su madre le gustaba alimentar con huesos a la perra. La familia tuvo una parrillada el domingo y la perra había estado comiendo los huesos sobrantes desde ese día. El propietario llegó a su casa el martes por la noche y encontró a su perra luchando por conseguir aire. Sospechó que su perra estaba atorándose con un hueso.

Cuando la perra llegó al hospital de emergencia estaba a punto de morir y luchaba por respirar. De su boca salía saliva con sangre. Las enfermeras administraron oxígeno suplementario y colocaron un catéter IV. Inmediatamente sedamos a la perra (la lucha por conseguir aire produce un aumento en la demanda de oxígeno del cuerpo; la sedación reduce la lucha). Intenté evaluar su boca, pero la manipulación del área causaba demasiado dolor, incluso estando sedada.

Administramos un anestésico quirúrgico (propofol) y finalmente conseguí observar su boca y garganta. El dueño tenía razón. Había un objeto extraño obstruyendo las vías respiratorias. El fragmento de hueso estaba en la tráquea de la perra y estaba bien incrustado, además era lo suficientemente grande como para ahogar a un caballo. El diámetro del hueso era mayor al de la tráquea de la perra y sólo podía respirar porque el fragmento había distorsionado la tráquea en una forma inusual que permitía que pequeñas cantidades de aire ingresen a través de los márgenes del hueso.

El fragmento de hueso de alguna manera había llegado más allá de la laringe. La laringe y la parte posterior de la garganta estaban muy hinchadas.

Utilicé una serie de diferentes pinzas pero no podían agarrar el hueso lo suficiente como para extraerlo a través de la laringe. Las pinzas con punta fina no podían llegar al hueso. Mi mayor temor era empujar el hueso aún más en la tráquea mientras intentaba recuperarlo. Por un momento pensé que tendría que realizar una traqueotomía y cortar el cuello para recuperar el hueso.

Después de lo que pareció ser una eternidad (pero probablemente sólo fue uno o dos minutos) conseguí agarrar bien el hueso. Se desprendió con una tracción suave y constante.La inminente crisis había terminado pero la perra no estaba fuera de peligro. Había varias pequeñas astillas de hueso y pedazos de materia vegetal en la parte posterior de su garganta. Estas representaban una amenaza. Podrían ser aspiradas a los pulmones y causar una neumonía mortal. La laringe estaba excesivamente hinchada. Esto podía comprometer la respiración durante la noche.

Succionamos todos los fragmentos de hueso visibles de la zona y administramos esteroides y antihistamínicos para reducir la hinchazón. Además, pusimos en marcha un tratamiento con antibióticos por vía intravenosa para proteger a la perra contra la neumonía. La perra pasó las siguientes horas en una jaula de oxígeno. Finalmente, empezó a respirar bien sin suplemento de oxígeno. Volvió a su casa en la mañana.

Las enfermeras que trabajaron conmigo en este caso fueron tan responsables de salvar la vida del perro como yo.

Nota: Esta perra fue rechazada de otra instalación antes de llegar al hospital de emergencia. Es sorprendente que no haya muerto en el camino. Y vamos a dar un paso más. Esta perra era un Pit Bull de siete años de edad, cuyo dueño se parecía a un miembro de la pandilla Mara Salvatrucha (MS-13). ¿Cree usted que la perra hubiera sido rechazada si se tratara de un labrador de un año de edad cuyo dueño es una persona con traje?